Colombia es el país más peligroso para las personas que defienden el medio ambiente. Esto riñe con el reconocimiento que le hicieron recientemente al Presidente Iván Duque con el Premio Internacional a la Conservación, otorgado por el Instituto ICCF Teddy Roosevelt en Estados Unidos. Según la organización británica Global Witness, durante el 2020 en Colombia asesinaron 65 ambientalistas, esto es, el 30% de los 227 registrados a nivel mundial [1]. En otro país, sin duda esta deshonrosa cifra, similar a la de 2019 con 64 asesinatos en todo el territorio nacional, sería un escándalo, pero aquí, ni siquiera es un titular de prensa. Recordemos que el incremento de la violencia contra estos hombres y mujeres que dedican su vida a proteger la tierra, se da justamente durante el mandato de Duque, pues en los años 2018 y 2017 los registros llegaban a 25 homicidios en cada uno [2].

Pero bien, en aras a la discusión, supongamos que el Presidente Duque no es responsable de esa violencia exponencial contra líderes ambientalistas, pero sí tiene la obligación de tomar medidas y políticas que apunten a frenarla y proteger a estas personas. Sin embargo, hace todo lo contrario, desprecia los instrumentos nacionales e internacionales creados para tal fin. Es el caso del Acuerdo de Paz firmado entre el gobierno nacional y la exguerrilla de las FARC, el cual contiene una serie de herramientas jurídicas, políticas e institucionales para garantizar la vida de los líderes y lideresas sociales, contenidas en el punto 3.4 [3]. de la agenda pactada. El gobierno de Duque, a pesar de las elevadas estadísticas de crímenes contra líderes ambientalistas, se dio el lujo de echar a la caneca de la basura estas políticas, sin rubor alguno.

Lo mismo sucede con el Acuerdo de Escazú, instrumento internacional de carácter vinculante, creado por los países de América Latina y el Caribe para que los Estados tengan herramientas más efectivas en relación a: uno, enfrentar el cambio climático, si se tiene en cuenta que, de acuerdo a los científicos, algunos indicadores son de extrema gravedad e irreversibles, como: el aumento de la temperatura global altamente preocupante (1.1°C),  el incremento del nivel del mar provocado por las altas temperaturas (5 mm entre 2014 entre 2014 y 2019) y el incremento del 20% de emisiones de gas a la atmósfera entre 2015 y 2019 [4].

Dos, garantizar la vida, integridad física y labor de las personas ambientalistas, quienes, desde lo local y territorial, se dedican a cuidar la tierra, proteger la naturaleza, realizar acciones que implican enfrentar la agresividad de las empresas extractivistas, nacionales e internacionales y a gobiernos depredadores. En el caso de Colombia, también a los poderes violentos y criminales que ven en estos ambientalistas una piedra en el zapato para sus intereses de acumulación particular y control territorial.

El Acuerdo de Escazú, no es un convenio cualquiera, es el resultado de muchos años de debates sobre el cambio climático y específicamente, da vida al Principio 10 de la Declaración de Río de 1992, buscando que todas las personas tengan acceso a la información y puedan participar de las decisiones relacionadas con el medio ambiente, de tal manera que este derecho no sea una quimera, sino una realidad.

La perversidad de Duque y Escazú

Pues bien, el Estado colombiano, como es costumbre, firma acuerdos, tratados o convenios internacionales en materia de derechos humanos, para luego incumplirlos. El gobierno de Iván Duque firmó el Acuerdo de Escazú en noviembre de 2019 y mostró un gran compromiso con el medio ambiente [5]. Sin embargo, los altos funcionarios saben que, si dicho Acuerdo no se ratifica por el Congreso de la República, es letra muerta. Han pasado dos años y la bancada legislativa gobiernista no lo aprobó y sin argumentos de peso, lo archivaron.

Así, la esperada ratificación de Escazú entró en el juego perverso del gobierno nacional, lo mismo que hace con el Acuerdo de Paz: simular que lo está cumpliendo, pero en realidad obra todo lo contrario. Ante la negativa de las bancadas gobiernistas, Duque prometió presentar el Acuerdo nuevamente ante el Congreso “con mensaje de urgencia”[6], saliendo así al paso de las presiones mediáticas y políticas, pero especialmente porque no tenía presentación llegar a la 26a Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Glasgow, Escocia, sin este instrumento, al menos en proceso de ratificación. En consecuencia, lo presentó nuevamente ante el Congreso de la República, un día antes de la Conferencia, pero vaya, vaya: sin mensaje de urgencia. En esta oportunidad, la ratificación del Acuerdo correrá la misma suerte del primer intento, que luego de 11 meses fue archivado. Sin embargo, Duque logró su propósito, venderle su imagen de hombre comprometido con el medio ambiente a la comunidad internacional y de seguro, lo logró.

Mientras la lucha contra el cambio climático es parte de una retórica oficial vacua y discutida en medio de negocios internacionales por gobiernos y empresas multinacionales que miran a Colombia por sus riquezas naturales; los verdaderos hombres y mujeres defensores de la vida, la naturaleza y la armonía con la madre tierra, siguen muriendo en la absoluta desprotección del Estado colombiano, y entre tanto, quienes analizamos estas perversas realidades y acompañamos a las comunidades, esperaremos con dolor el próximo reporte de Global Witness en el 2022.

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[1] Global Witness. 2021. La última línea de defensa. Las industrias que causan la crisis climática y los ataques contra personas defensoras de la tierra y el medioambiente. Recuperado de: https://www.globalwitness.org/es/last-line-defence-es/

[1] Ibídem.

[1] El punto 3.4. se refiere a “Acuerdo sobre garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones y conductas criminales responsables de homicidios y masacres, que atentan contra defensores/as de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos o que amenacen o atenten contra las personas que participen en la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo”.

[1] BBC, News Mundo, 2019. Cambio climático: el preocupante informe científico que alerta de cifras récord en el calentamiento global y de desastres naturales más catastróficos. En: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49791588https://www.bbc.com/mundo/noticias-49791588

[1] Cancillería Colombia, diciembre de 2019. Colombia firma “Acuerdo de Escazú” en pro del medio ambiente y los derechos humanos. En: https://www.cancilleria.gov.co/newsroom/news/colombia-firma-acuerdo-escazu-pro-medio-ambiente-derechos-humanos

[1] El Colombiano, noviembre de 2021. Si es necesario se presenta mensaje de urgencia para Escazú: Duque. En: https://www.elcolombiano.com/colombia/presidente-ivan-duque-apoya-mensaje-de-urgencia-para-acuerdo-escazu-AK15974554